
El pastor Ricardo Salgado, quien preside la congregación en Rahue Alto, Osorno, nos cuenta lo sucedido con el, al regresar desde Lautaro,
En la noche del 13 de este mes viví una experiencia muy especial.
Después de participar de la Santa Cena en la conferencia de pastores, alrededor de las 21.20 horas emprendí el regreso a la ciudad de Osorno. Aunque en principio éste lo tenía programado para el Domingo en la mañana, la preocupación por las actividades en la
congregación de Rahue Alto me hizo anticipar el retorno.
A la hora y media de viaje aproximado y después de hablar con uno de mis hijos comenzó mi batalla contra el cansancio y determiné que pararía en alguna estación de servicio para comprar “una mineral”.
La noche era lluviosa.
Me puse a pensar en el programa del Domingo; era interesante y motivador, en especial la ceremonia de bodas que realizaría a las 16 horas.
También la reunión de Iglesia y Santa Cena, se vería involucrada en la primera actividad teniendo así el carácter de muy especial para los novios, sus familias y la congregación.
Y luego la reunión pública, donde Dios, una vez más podría revelarse en su amor y compasión.
Entonces me vi en una actitud muy cotidiana: junto a toda la congregación, de pie, orando en mi lugar, inclinada mi cabeza, mis manos juntas en meditación.
Como en muchas ocasiones, alguien me tocó el hombro derecho (aunque en esta oportunidad, por dos veces).
Eso me hizo levantar la cabeza para reconocer y atender a quien me interrumpía. Vi como “alguien en nebulosa” frente a mí. Entonces comprendí realmente mi situación de peligro, sentí un chasquido como una raspadura y un golpe muy fuerte en el costado derecho
en el mismo instante en que yo enderezaba el auto que se iba contra la barrera.
El impacto y mi maniobra lanzaron el auto a la izquierda primero y después a la derecha, hasta que logré el control.
Mientras continuaba la marcha, prestaba atención a todo ruido posible, para medir de alguna forma los daños del vehículo, pensando en que de seguro como mínimo tendría problemas con la rueda trasera derecha
muy pronto.
Sin decidir parar mi carrera opté por esperar un lugar
iluminado para cuantificar los daños.
Entré a una estación de servicio y mientras era abastecido de combustible hice un exhaustivo examen al auto.
Total de los daños: un golpe en la llanta y una tapa
de rueda raspada, quebrada en algunas áreas y embutida en la llanta en otras.
Ni una ralladura al costado del auto.
No voy a decir: ¡increíble! Porque algo tan evidente que tenía que suceder no pasó; porque yo no impacté con un bloque de concreto o algo parecido, sino que era una muralla de concreto y rejas que protegía la carretera en ese sector por muchos metros.
No, no es para decir increíble, sino para reconocer que la protección de Dios es así de eficaz, cuando tiene que intervenir para anular el efecto de una imprudencia, porque la mía fue conducir cuando estaba
muy cansado.
Cuando Dios quiere cumplir sus propósitos en nosotros nos lo hará sentir especialmente.
Creo que Dios me guardó no sólo por que me ama o para que yo me impresionara grandemente sino para que comprendiera que lo que ha puesto en mi corazón, lo llevará a cabo hasta el fin.
Y no es que tenga la vida asegurada sino para que la use para cumplir su pensamiento alto y perfecto.
Osorno 22 de Octubre de 2007.
Ricardo Salgado M.
Impactante testimonio de Ricardo Salgado despues de la conferencia de pastores
martes, 23 de octubre de 2007
21:23
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